La historia del Valle de Arce
La historia es otro apartado olvidado del valle. Uno más. La falta de investigación local se acrecienta con la falta de citas en estudios zonales o de Navarra. Artzibar casi ni existe, siendo el valle denominado muchas veces como zona de Orreaga-Roncesvalles, Prepirineo, Pirineo occidental… el englobamiento del valle para describir datos generales, deja en el anonimato no sólo la vida de los pueblos sino incluso la del valle.

Artzibar tiene desde la prehistoria presencia humana. El megalitismo y los recientes hallazgos de época romana indican un asentamiento continuo hasta la Edad Media. En ésa época parece producirse hay diversos movimientos internos de población, desapareciendo y apareciendo varios pueblos y caseríos, bien por la escasa demografía, bien por la mejora de condiciones de habitabilidad. Para el siglo XIII conocemos ya el nombre del valle y de los pueblos. Hay movimiento, hay economía, más ganadera al norte, y más agrícola al sur. Incluida la vid que a algunos puerde parecer extraño.
Las guerras civiles del siglo XV en Navarra hicieron cambiar al valle de bando más de alguna vez, en función de las tendencias de sus nobles que participaban en la guerra. Tampoco destacó en ningún bando cuando Castilla se decidió a conquistar Navarra. La poca población, la represión y el que las tropas castellanas tomaran varias veces como campo base del control de la zona al cercano Auritz-Burguete, no permitieron muchos movimientos a favor de los reyes legítimos.
Tras la conquista, hasta 1793 la tranquilidad bélica fue bastante general, dentro de la pobreza en que se vivía en la época, siempre con algún lapsus como la guerra de Sucesión a comienzos del siglo XVIII,
El periodo de 1793-1876 es una época de guerras, donde la tropa amiga o enemiga hacía estragos de todo tipo en estos valles: fusilamientos, alistamientos obligatorios, trabajos forzosos, violaciones, quemas de casas y pueblos, embargos de bienes, dinero, comida, ganado…
En víspera del alzamiento fascista y posterior guerra civil del 36 se vivía de forma similar al siglo XIX, con un mundo rural muy atrasado y escasas modernidades. La guerra y posterior dictadura convirtieron la vida en una película de miedo en blanco y negro, donde el estraperlo y el contrabando, por la proximidad de la frontera, permitieron a algunos mejorar la escasa economía doméstica, a costa de más de un susto. En demografía, desde el máximo histórico del valle hacia 1786 con 1.893 habitantes, el descenso de población fue suave pero continuo. En 1900 aun tenía 1.380 vecinos, pero el salto más salvaje, la desbandada general, la emigración a la ciudad ocurrió entre 1950-70, pasando de 1.050 habitantes a 320, quedando menos de un tercio de la población.
La emigración sobre todo por la industrialización de Iruñea-Pamplona y la cuenca hizo que Artzibar, y la cercana cuenca Agoitz-Irunberri: Urraules, Romanzado, Longida, Lizoain… se vaciara, aumentado exponencialmente el número de despoblados.

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Patrimonio megalítico y funerario
Gracias a las campañas de investigación lideradas por especialistas locales, el catálogo de monumentos megalíticos ha experimentado un crecimiento exponencial. En la actualidad, el inventario arqueológico del valle cuenta con:
- 21 dólmenes y 1 túmulo, exponentes de las prácticas funerarias colectivas.
- 3 menhires y 1 cista, que denotan la complejidad simbólica de sus pobladores.
- 2 cromlechs, estructuras circulares vinculadas a ritos de la Edad del Hierro.
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Poblamiento protohistórico
La transición hacia la Edad de los Metales se manifiesta en la localización de diversos asentamientos fortificados en altura. Estos poblados, estratégicamente ubicados para el control del territorio y el aprovechamiento de recursos, destacan por su topografía defensiva:
- Poblado de Gorraitz (El Castillo): Situado en el monte Biskaxun.
- Poblados de La Peña y Asnotz: Ubicados en las cimas que dominan el área de Zandueta, Artzi, Uritz y Nagore.
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Transición a la época romana
Se confirma existencia de una calzada romana siguiendo el curso del río Urrobi. que vendría desde Zaragoza por Agoitz, y yendo junto al río Urrobi llegaría hasta las campas de Auritz-Burguete, tiene su continuación desde Ibañeta con un nuevo trazado de calzada romana, que desciende por el valle de Luzaide-Valcarlos.
Época romana
La calzada está construida hacia el siglo I a. C. con unas dimensiones entre seis y ocho m. de ancho y desniveles no superiores al 6%. Por ella circularon los ejércitos, correos, carros con mercancías pesadas… hasta la caída del imperio romano. Se fue abandonando por el deterioro. A pesar de ello siguió utilizándose como camino de herradura hasta la aparición de las nuevas carreteras a finales del siglo XIX y principios del XX..
El trazado se ha confirmado con el descubrimiento de seis miliarios. Eran unos hitos de piedra que se colocaban en el borde de cada milla (milla passum), equivalente a 1.481 m., en los que grababan o pintaban información referente al emperador que la construía o mandaba arreglar, o también la distancia a la siguiente mansio o civitas.
Los estudios indican que estos grupos humanos aprovechaban de forma estacional y permanente los recursos naturales del valle, estableciendo comunidades organizadas en poblados castreños. Estas estructuras sociales y territoriales fueron las que hallaron las expediciones romanas a su llegada al territorio de los vascones (siglo I a.C.), momento en el cual se inició un proceso de reordenación del poblamiento, desplazando progresivamente a los habitantes de las alturas hacia los nuevos ejes logísticos y económicos del fondo del valle.
Edad Media: estructura social y geopolítica
El periodo medieval en el Valle de Artzibar representa una etapa de consolidación administrativa y protagonismo estratégico. Los recientes hallazgos arqueológicos y el estudio de la cartografía antigua han redefinido la importancia del valle como un eje vertebrador del Reino de Navarra.


Hitos históricos
El año 778 marca un punto de inflexión con la Batalla de Orreaga-Roncesvalles. La capacidad de los vascones para enfrentarse al ejército de Carlomagno sugiere una organización social y militar avanzada, precursora del naciente Reino de Pamplona. Durante los siglos VIII al XII, el valle funcionó como un "laboratorio de asentamiento", donde la presión demográfica, las epidemias y los conflictos fronterizos provocaron la aparición y desaparición de diversos enclaves (como Irizar o Ekieta), configurando el mapa de poblaciones actual
Sin embargo, más allá de estas variaciones, el valle ha sabido conservar elementos esenciales de su identidad, manteniendo un equilibrio entre tradición y adaptación.
Evolución administrativa y demográfica
Artzibar se consolidó como una unidad administrativa de estructura compleja. Desde el siglo XI, representantes de la monarquía (como Lope Garcés o Eximio Arceiz) ejercieron la jurisdicción en el valle, controlando la justicia y la recaudación de impuestos. El censo se medía en "fuegos" (unidades familiares), el valle se moverá entre los 127 fuegos del año 1366 a los 210 en 1819.

Régimen señorial y eclesiástico
estructura socioeconómica estaba profundamente ligada a la propiedad de la tierra. Destaca la figura de los mezquinos y collazos, labradores vinculados a la tierra bajo un régimen de servidumbre. Grandes instituciones como la Colegiata de Orreaga-Roncesvalles y el Monasterio de Leire, junto a linajes nobiliarios, gestionaban gran parte del patrimonio del valle mediante donaciones y arrendamientos.
Conflictos y linajes nobiliarios
Durante la Baja Edad Media (siglos XIV-XV), el valle estuvo marcado por la influencia de grandes sagas familiares como los Artzi (Arce) y los Uritz. En la guerra civil navarra (1451 y 1464), entre agramonteses y beamonteses, partidarios del rey o del Príncipe de Viana, tuvo a los pueblos y valles en los dos bandos.
Siglos XVI-XX: evolución socioeconómica y conflictos fronterizos
Durante la Edad Moderna, el Valle de Arce se consolidó como una pieza estratégica en la defensa de la frontera pirenaica del Reino de Navarra tras su incorporación a la Corona de Castilla. Este periodo estuvo definido por la precariedad económica, la lucha por la hidalguía colectiva y el constante estado de guerra.
Economía de subsistencia
La vida cotidiana en el Pirineo estuvo marcada por la escasez. La caza constituía un complemento dietético vital, aunque su práctica estaba estrictamente regulada y, en el caso de los venados, reservada a la nobleza, lo que derivó en frecuentes sanciones a los vecinos. Un hito económico fundamental ocurrió en 1568, cuando el valle acordó la redención de la pecha (impuesto señorial) con el palaciano de Artieda por 4.580 ducados de oro. Este enorme desembolso, sumado a una serie de malas cosechas, sumió a la población en una profunda crisis económica.
El valle como bastión militar
Como territorio fronterizo, los habitantes de Artzibar ostentaban la condición de "soldados de puerto", con la obligación de defender los pasos pirenaicos:
- Estructura militar: El alcalde del valle ejercía como capitán de guerra, realizando "alardes" (revistas de armas) anuales en Nagore.
- Resistencia al contrafuero: A lo largo de los siglos XVII y XVIII, el valle defendió sus fueros frente a las exigencias de la Corona, denunciando excesos en el servicio militar y exigiendo indemnizaciones por los servicios prestados fuera de los límites legales.
- Servicios auxiliares: Además del combate, la población fue movilizada para trabajos logísticos críticos, como la apertura de caminos en la nieve para la artillería en la expedición de 1823 o la defensa de infraestructuras estratégicas como la Fábrica de Armas de Eugi.
Crónicas de las guerras (1793-1876)
El paso del siglo XVIII al XIX fue especialmente traumático, con casi tres décadas de conflicto bélico que diezmaron la población y el patrimonio:
Guerra de la Convención (1793-1795)
Fue el periodo más destructivo. El valle perdió el 12% de su población y numerosas localidades (Artozki, Imizkotz, Arrieta) sufrieron el incendio de palacios, casas y bordas a manos de las tropas francesas.
Guerra de la Independencia (1808-1814)
Marcada por la actividad de la guerrilla navarra (Espoz y Mina, Cruchaga). El valle fue escenario de movimientos estratégicos y ataques a guarniciones francesas, sufriendo además una fuerte presión fiscal y requisiciones de ganado por ambos bandos.
Guerras Carlistas y Realistas
Durante el siglo XIX, la inestabilidad política mantuvo al valle como una zona de tránsito y acuartelamiento permanente, consolidando su rol de "frontera viva" hasta finales del siglo XIX.
















